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La Coctelera

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27 Julio 2009

Vida y Obra De San Gelstruncio

 

  NOTA: Aún estáis a tiempo de participar en el concurso de relatos humorísticos Ocurrencias Varias. Hasta el 31 de julio podéis mandar un relato de entre 3 y 5 páginas y que tenga un fin claramente humorístico. Mirad las bases y animaos. Mientras, os dejo mi último relato. Las bases las puedes ver un poco más abajo.

 

              Vida Y Obra De San Gelstruncio

      De todos los santos habidos en la historia, el que mejores sensaciones me da es San Gelstruncio, uno de los santos más desconocidos de nuestra era, si no el que más. Gelstruncio, Gelstru para los amigos, nació hace 546 años. Por lo que nació en el año... (2009 - 546 = 1463)... en el año, digo, 1463. Gelstru nació en el seno de una familia mono parental; de madre desconocida, el bebé fue criado y alimentado por las gallinas de la granja familiar. Su padre trabajaba para el terrateniente de la comarca, con lo cual cada mañana dejaba al niño en el gallinero, y le recogía a eso de las 10 de la noche. Las gallinas le atendieron bien desde el principio, aceptándole como uno más de la manada. Sus primeras palabras de bebé fueron "quiquiriquí", y no aceptaba más comida que los piensos de las gallinas. Su padre se dio cuenta de que era necesario apartarle del gallinero cuando el niño entró en depresión con cuatro años al comprobar que le era imposible poner huevos. Fue un trauma para él, pero en menos de seis meses ya había dejado de quiriquiquear por las mañanas, y en doce ya no le suponía un problema comer pollo asado cada domingo.

    Dentro de lo que cabe, Gelstruncio tuvo una infancia bastante desgraciada. Fue un niño enfermizo, en sus primeros diez años de vida contrajo un total de 52 enfermedades y patologías, incluida las hemorroides. El padre no tuvo más remedio que casarse con la única mujer soltera de la villa, para que así ella pudiese atender al niño mientras él trabajaba para el terrateniente. Pero aquella mujer murió pronto, ya que el pequeño Gelstru le contagió la rabia al morderle en una pierna. Como ella sufría de sífilis, la unión de las dos enfermedades acabó con ella en menos de 24 horas. El padre de la criatura sólo pudo entonces  pedirle al terrateniente que adoptara al niño, o al menos que le permitiese ser atendido en la casa de las criadas del palacio. Y así fue, Gelstru se mudó y pasó de no tener ninguna madre que le diese cariño a tener veinte madres potenciales. Todas las criadas se encapricharon por el chico, que por entonces tenía ya siete años. Las mujeres rivalizaban por acaparar su cariño, y los domingos tenían que sortearse quién iba a pasar la tarde con el pequeño. Cada una de ellas le leía un cuento cada noche, y el niño acababa con tal cacao mental que optó por ponerse a escondidas unos tapones en los oídos y así evitar escucharlas.

    Pero Gelstru, en su subconsciente, aún era una gallina, y de vez en cuando, al llegar la medianoche, el niño se escapaba de la casa y se iba al gallinero del palacio a interactuar con los de su especie. A pesar de esto, el crío sacaba muy buenas notas en el colegio. Fue el único niño en saber la respuesta a la pregunta de cuántos huevos hay en una docena y media de huevos. A pesar de ser el más listo de la clase, el niño supo adaptarse y se convirtió en el líder de los compañeros. Las nenas suspiraban por él, y los niños le veían como el  jefe de la manada. Gelstru salió rebelde, y protagonizó varios actos sindicales en su colegio, teniendo como mayor mérito la consecución de regaliz gratis para los escolares y un váter nuevo con su correspondiente bidet. El terrateniente, al darse cuenta de que aquel chico era tan inteligente como desestabilizador, decidió entonces alejarle del palacio y mandarle a la capital, para que iniciara sus estudios universitarios.

    Comenzaba así una nueva etapa en su vida. Con 14 años, Gelstru ya iba por tercero de Medicina y segundo de Empresariales. Era un hacha diseccionando a los muertos en las clases prácticas, y un día se dio cuenta de que si mezclaba el concepto "muerte" con "negocio", le salía una idea a la postre muy rentable. Por eso Gelstru aparece como el padre de los tanatorios modernos, y no tardó en abrir uno, que incluía un casino y un teatro de variedades. Con 16 años Gelstruncio ya era inmensamente rico, hasta el punto de que compró las propiedades del terrateniente y convirtió a su padre en el nuevo terrateniente de la comarca. Pero lo que el joven Gelstru no sabía es que aquella decisión iba a cambiarle la vida para siempre. Su padre era un gran agricultor, pero no tenía ninguna capacidad para gobernar una comarca, así que poco  a poco aquel terreno fue degenerando por enteros. Su padre malgastaba los recursos del palacio, organizaba orgías vespertinas y ordenaba a las criadas a rellenar bañeras con la leche extraída de los pechos de madres vírgenes, pues pensaba que aquello le alargaría la vida. Entonces Gelstru mezcló el concepto de "locura" con "negocio" y creó las clínicas privadas de internamiento psiquiátrico. Ingresó a su padre en una de ellas y decidió tomar las riendas de todos sus negocios y de la comarca.

    Con veinte años, Gelstru era tan poderoso que no sabía qué hacer con tantos recursos, así que decidió delegar toda la dirección de su ente empresarial en una gallina de su confianza y él ingresó en un convento de monjes benedictinos. En menos de un mes sus negocios se fueron a pique, la gallina fue decapitada  y él cambió a los benedictinos por los monjes capuchinos, ya que no soportaba estar todo el día escuchando cánticos gregorianos. Gelstru entró de nuevo en depresión, y decidió hacer voto de castidad: nada de gallinas en al menos seis meses. Y con esta decisión empezó su camino hacia la santidad, pasando por la beatidad, claro.

    Tras estos meses de reflexión y onanismo, Gelstruncio decidió empezar de cero, pero esta vez teniendo como fin principal la recaudación de fondos para crear granjas-escuelas públicas. Gracias a esta iniciativa miles de críos pudieron educarse con dignidad, aprender matemáticas a la par que ordeñaban vacas. Para encontrar la estabilidad emocional que necesitaba, decidió casarse y tener hijos. Les dio una buena educación y el cariño que él nunca recibió de su padre siendo pequeño. Y fue llevando esta vida hasta que a los sesenta años se le fue la olla y decidió volver al gallinero. Durante diez años más hizo vida de gallina, así hasta que falleció víctima de la gripe aviar.

    A mediados del siglo XIX un historiador aburrido descubrió su vida y obras, y fue al Vaticano a reclamar la santidad de Gelstruncio. Y así fue, en menos de tres años, y tras aparecer dos casos de milagros atribuidos a él, el Papa de turno le hizo beato y en seis meses santo.

    Si desea que San Gelstruncio interfiera por usted o los suyos, no tiene más que poner una vela en cualquier gallinero y rezar tres avemarías.

Tags: gelstruncio

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